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Desde que
se cerró la casona en la que funcionaba el museo Manuel
Tellechea, las más de doce mil piezas que lo conformaban
están vagando sin encontrar un lugar físico para ser
exhibidas. Los mendocinos y la memoria al trabajo y al
esfuerzo de ese hombre emprendedor exigen que se arribe
a una pronta solución. La apertura y mantenimiento de un
museo hace a la cultura de los pueblos. El mejor ejemplo
se da en muchos países europeos, donde los museos no
sólo son aprovechados culturalmente por los habitantes
del lugar sino que se convierten en fuertes atractivos
turísticos, con el consiguiente ingreso de divisas. No
parece ser similar el caso de Mendoza donde, salvo
contadas excepciones, no se valoran como corresponden
esos valiosos patrimonios, y en ese esquema puede
mencionarse lo que sucede con lo que fue el museo
mineralógico Manuel Tellechea. No es casual lo que
sucede en la provincia con ese organismo que durante
muchos años fue orgullo de los mendocinos y lugar de
visita de estudiantes para conocer parte de nuestro
pasado. Hemos reiterado desde estas mismas columnas la
necesidad de recuperar lugares históricos y culturales,
que muchas veces por la desidia de los gobernantes
permanecen en el olvido o en situaciones de
inhabitabilidad. También hemos destacado el accionar de
muchas comunas que han decidido por su propia cuenta
recuperar antiguas e históricas casonas para
incorporarlas a su oferta turística. En el caso del
museo Tellechea, durante años funcionó en lo que fue la
casa de su fundador, sobre calle Yrigoyen, en el límite
entre Capital y Godoy Cruz. Pero un día la antigua
casona debió cerrarse, el museo quedó desamparado y las
más de 12 mil piezas que lo componían comenzaron a vagar
por distintos lugares sin que hasta el presente se
encuentre un lugar fijo para exponerlas. Lo más
llamativo del caso es que la visita al museo -que en los
hechos no existe- se promociona en la página web del
Gobierno provincial. En esos casi veinte años en que el
museo Tellechea cerró sus puertas, muchas de las piezas
(conformadas por minerales, rocas, piedras preciosas,
rudimentos arqueológicos y paleontología) permanecen
guardadas en cajones. Según se afirma, en la década del
’80 hubo un intento oficial de iniciar las obras de
construcción de un nuevo museo pero nunca llegó a
concretarse. Tampoco se logró -también por razones
presupuestarias- que el CONICET se hiciera cargo de
ubicarlas para exponerlas en su predio del parque
General San Martín. “No tenemos museos y carecemos de
capacidad y de gente para recibir a los visitantes”, fue
la respuesta que surgió desde el organismo. Otra de las
opciones que se intentó pasó por derivar las piezas al
museo Juan Cornelio Moyano, pero se anticipó que allí
tampoco habría lugar para presentar el patrimonio. Hasta
el momento, la lucha por encontrar un lugar para la
exposición de las valiosas piezas ha sido encarada por
el hijo de Manuel Tellechea, a quien acompañan algunos
amigos e investigadores y la paciencia parece haber
llegado a un límite. Más aún cuando ya existe una ley
aprobada por la Legislatura que declaró al museo “de
interés público provincial” en la obligación de dar
apoyo económico para mantener el acervo a la vista del
público y de disponer de un local para su exhibición. A
modo de respuesta, el director de Patrimonios ha
asegurado que personalmente se hará cargo de buscar una
solución no sólo para la exhibición sino también para
proceder a la clasificación de las unidades
mineralógicas. Es de esperar que esa promesa se concrete
en el plazo más corto posible. No puede aceptarse que
piezas arqueológicas valiosas, los cristales de cuarzo,
la famosa “Rosa de Francia”, los troncos con hongos
fosilizados y hasta fósiles marinos encontrados en El
Challao continúen vagando de un lugar a otro sin que los
mendocinos o los turistas podamos disfrutar de ese
valiosísimo patrimonio histórico y cultural. Se menciona
también que podría construirse una dependencia contigua
al museo Cornelio Moyano o instalarlas en el Espacio de
la Ciencia y Tecnología (ex Eureka) de la Universidad
Nacional de Cuyo. Cualesquiera de las opciones es válida
pero las decisiones deben adoptarse a la brevedad
posible. Lo merecen todos los mendocinos y muy
especialmente la memoria al trabajo y al esfuerzo de un
amante de la mineralogía como fue Manuel Tellechea.
Fuente: Editorial del Diario Los Andes.
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