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Antes de
la llegada de los españoles, el actual territorio de
Mendoza pertenecía a distintos grupos de aborígenes,
entre los que se destacaban los huarpes y los incas.
Estos, debido a la aridez del suelo, la llamaban “Cuyum
Mapu”, es decir, “Tierra de arenas”. Tenaces
trabajadores de la naturaleza, los aborígenes supieron
dominar con ingenio la agreste geografía de la zona.
Encauzando las aguas que provenían de los deshielos en
acequias, lograron cultivar el árido suelo; de esa forma
comenzaron a crear el oasis del que hoy disfruta Mendoza.
Es válido hacer un poco de historia y recordar aquel 2
de marzo de 1561, cuando Pedro del Castillo llegó a
estas tierras desde Chile enviado por el adelantado
español don García Hurtado de Mendoza, su amigo y jefe,
por cuyo mandato fundó la villa de Mendoza, Nuevo Valle
de La Rioja.
Un año después, Francisco de Villagra envió a Juan Jufré
y Loayza con plenos poderes para cambiar el lugar de
asentamiento, que finalmente no varió mucho.
En esta segunda oportunidad, la ciudad recibió el nombre
de La Resurrección, el cual no prosperó.
La memoria futura sólo recordaría a Pedro del Castillo y
a su mentor, García Hurtado de Mendoza, en cuyo homenaje
nuestra ciudad recibió su nombre y con el tiempo se
convertiría en la capital de la Provincia de Cuyo del
Reino de Chile.
Según rezan los escritos, los vecinos de esta ciudad
eran muy pocos pero estaban bien organizados. Desde el
momento de su fundación, Mendoza tuvo su Cabildo, sus
autoridades civiles y religiosas, sus estructuras
políticas y urbanísticas.
En 1776 se creó el Virreinato del Río de la Plata y la
provincia de Cuyo pasó a formar parte de la provincia de
Córdoba del Tucumán. Posteriormente se separó como
provincia de Cuyo, manteniendo como capital a la ciudad
fundada por Pedro del Castillo. Desde esa fecha
quedó integrada a lo que sería desde 1816 la República
Argentina.
Mendoza tuvo una tercera fundación, determinada por el
trágico terremoto que paradójicamente se produjo un 20
de marzo de 1861, casi exactamente 300 años después. La
destrucción fue total, por lo cual debió pensarse en una
nueva ubicación. Con el proyecto del ingeniero Julio
Balloffet se planificó el esquema básico del actual
emplazamiento de la ciudad, haciendo centro en la actual
plaza Independencia, hacia donde se trasladaron los
principales centros cívicos y residencias de las
familias más destacadas. Alejado de este lugar quedó el
antiguo casco histórico en torno a la plaza Pedro del
Castillo, que fue transformada en la denominada Área
Fundacional, donde se preserva parte del patrimonio
arqueológico de nuestra ciudad.
Gracias a la fusión de las culturas huarpe, inca y
española, a las que a partir de la segunda mitad del
siglo XIX se sumaron las de las distintas comunidades de
inmigrantes europeos, el desierto hizo lugar a las
aldeas y posteriormente a las ciudades. Así, se fue
conformando una hermosa ciudad trazada siguiendo el
patrón de damero de las urbes coloniales, pero con sus
típicas acequias y fuentes y numerosos parques y bellas
plazas.
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